(Expedición a Sevilla) 24 de Octubre 2020

Jorge Miguel Puente Reyes: Nuestro guía y promotor de este viaje
Objetivos de la expedición:
- Viaje al poblado de Sevilla y localización del lugar en que estuvo enclavado un antiguo fuerte español.
- Visita a La Cadena y localización del sitio en el que estuvo enclavado un fuerte español
- Visita a las ruinas de los cafetales Soledad y Santa Ana.
- Realizar la ruta que hiciera Fidel Castro, tras el asalto al Cuartel Moncada (La Cadena, Ocaña, Loma El Café, Santa Ana y Loma de los Chivos).
Integrantes:
Rocío Zambudio Vivancos
Jorge Miguel Puente Reyes
Rodolfo Tamayo Castellanos
José Luis Pérez Balart
Frank Lahera Ocallaghan
Amarilis Licea González
Autor: Rodolfo Tamayo Castellanos
Santiago de Cuba
La partida
Ese día amaneció lloviendo. En verdad llovió desde la noche anterior, al punto de mantenerme en vela buena parte de la madrugada. Varias veces estuve a punto de suspender la expedición. Con ese temporal era imposible hacer cualquier viaje. Lo otro era avisarle al grupo, eran pasadas las 12.30 de la madrugada y el tiempo no parecía mejorar. Como no había realizado esa ruta, desconocía las condiciones del terreno y cuán difícil podía volverse la jornada de hacerla bajo esas condiciones climáticas, así que decidí contactar a Jorge Puente, quien sería nuestro guía en esta expedición (él si había hecho esta ruta) para que me dijera las posibilidades reales de continuar con el plan trazado y a lo que nos enfrentaríamos de persistir. Él me comentó que era posible hacer la expedición si escampaba antes del amanecer, de otra manera era mejor suspender; eran la 1.00 de la madrugada. La lluvia arreciaba y cada vez dudaba más que pudiéramos hacer el viaje. Debo haber vuelto loco a Jorge esa madrugada, pues lo contacté sobre las 3.00 am, las 4.00 am, las 5.00 am y finalmente sobre las 6.00 am para preguntarle qué hacíamos…? Él invariablemente respondía: Si escampa puede hacerse; no obstante –no sé si fue por la insistencia mía o porque lo golpeó la prudencia– ya casi al amanecer esbozó la posibilidad de suspender. Me armé de valor (sobre las 6.00 am) y le dije que el viaje seguía adelante. Nos veríamos en el lugar acordado para salir hacia Sevilla. Aún caía una llovizna sobre Santiago de Cuba.

Aunque la hora pactada para el encuentro era a las 7.00 am, sabía lo difícil que sería para el resto del grupo llegar puntualmente. Sin embargo me sorprendí al ver que el grueso del grupo habitual de expedicionarios estaba en el lugar conocido como “Palo del aura”, a la hora acordada. Para mi sorpresa se sumaba un nuevo miembro: Frank Lahera Ocallaghan, quien era realizador audiovisual. Sólo faltaba Maikel Téllez, tras contactarlo supe que en esta ocasión no podría ir con nosotros. En el cielo las nubes amenazaban con descargar el agua en cualquier momento. Dejamos pasar algunos vehículos particulares, pues los precios del pasaje era algo excesivos, finalmente abordamos un ómnibus estatal. Una vez más la suerte estaba echada.

Sevilla
El viaje hacia Sevilla fue sin contratiempos, pero aún nos preocupaba el tema del clima. Así que decidimos reorganizar la expedición y priorizar algunos sitios. Yo traía unos 13 posibles objetivos en toda la zona y Jorge Puente tenía unos cuantos más: había que ponerse de acuerdo. Tras un –no muy breve– debate decidimos dejar para el regreso la localización del sitio del Fuerte de Sevilla, dejamos fuera el recorrido por las alturas de La Cadena, ya que nos alejaría demasiado de los otros objetivos y pasamos a Ocaña como opcional o sea: si nos daba tiempo. La ruta quedó así: Cafetal Soledad / Loma de los Chivos / Cafetal Santa Ana / Ocaña (de ser posible) / Fuerte Sevilla.

En busca de un nuevo guía y las alturas de y La Cadena

A los pocos minutos de haber iniciado la marcha nos encontramos con uno de los compañeros que atiende la zona. Como Jorge ha realizado varias veces la ruta entabló una conversación con él. Así supimos el interés de retomar la ruta que hiciera Fidel Castro tras el asalto al Cuartel Moncada, incluso los planes de un camino asfaltado para facilitar el acceso. Tras un breve intercambio el compañero nos indicó que viéramos a un señor apodado Areíto, para que nos sirviera de guía e hiciera la ruta más fácil. Aquello nos vino de maravillas, pues no ahorraría tiempo y esfuerzo (pensábamos bajar sobre el mediodía, pues nos habían dicho que allí solía llover en las tardes).
Retomamos la marcha en busca de Areíto, a nuestra derecha quedaban las alturas de La Cadena. Jorge nos explicaba que por esas alturas también estuvieron los moncadistas. La región puede ser un poco engañosa, si no la conoces bien puedes perder el rumbo. Algo similar le sucedió a los moncadistas que vagaron por estas montañas hasta que fueron capturados.

Los caminos de Sevilla están en muy mal estado, con las lluvias el agua baja de las montañas y los hace casi intransitables. Los pobladores insistieron en la necesidad de hacer unas obras para controlar el curso de las aguas. Esto es vital si se quiere desarrollar algún tipo de ruta.

Llegado a un punto del camino Jorge se detuvo y señaló hacia unas elevaciones. Esas lomas –dijo. Son de La Cadena, pero hoy no podremos recorrerlas. Necesitaríamos más de una jornada para recorrer todos los sitios.
Mientras pasábamos por La Cadena no pude evitar pensar que debíamos volver a este lugar, a esas lomas históricas se le debe una buena expedición (que alguien hará algún día) ¿Quién sabe cuántos secretos nos tiene reservados…?A partir de este momento el viaje se haría más pesado, pues iríamos cuesta arriba.

Areíto
Finalmente llegamos al sitio en el que debíamos preguntar por un señor que respondía al carismático apodo de Areíto (su nombre era: Idalberto Danger Castillo),1 quien se hallaba ocupado y tuvimos que esperar por él, tiempo que aprovechamos para hacer la primera parada técnica y merendar, algunos como Frank Lahera aprovecharon para continuar tomando fotos a la belleza del paisaje; no faltó quien sacara sus reservas de vino, ni quien enarbolara un delicioso licor de piña (solo faltó el café para cerrar el tridente energético-escala montañas). Así que brindamos…
1 Tras preguntarle el por qué le llamaban de ese modo me confesó que era porque bailaba mucho cuando joven, de ahí viene el apodo. Su manera de bailar fue asociada con el antiguo baile de los aborígenes cubanos.
Y apareció Areíto…

Areíto: amable señor (no es un eufemismo) que nos serviría de guía en lo adelante.
El Camino hacia Soledad
A partir de este momento el camino se tornaría más difícil, no sólo por las elevaciones, sino también por el mal estado de los caminos y las aguas que habían invadido los pasos. En la zona hay un río llamado Soledad, que debe cruzarse en varias ocasiones, incluso hay que cruzarlo cuando se transita por los restos del camino asfaltado. A veces no queda más remedio que mojarse y tuvimos que hacerlo veces.

Esto no impidió que apreciáramos la belleza del lugar y la seducción de sus ríos y pozas. Estábamos en presencia de un paisaje paradisíaco. Recuerdo haber comentado que estábamos ante un río llamado Soledad, para visitarlo en compañía. En la expedición anterior estuvimos en la poza: El Encanto, así que bauticé una de las pozas de Sevilla como Las Delicias.
Minas
Al parecer la región es muy rica en recursos. En la expedición anterior, realizada a Limoncito, pudimos apreciar las minas de Vinent. En esta oportunidad nos llamó la atención una serie de piedras blancas y brillantes. Esto parece mármol, comentó alguien del grupo. Sí, es mármol –aseguró Jorge Puente, aquí hay una cantera que estuvo en explotación. Debido a la profusa vegetación nos fue imposible ver la cantera; ni siquiera desde las alturas vecinas, parecía que una cortina vegetal la mantuviera oculta de las miradas. Por más que lo intentamos no pudimos lograr una imagen nítida y tuvimos que seguir nuestro camino, para aprovechar el tiempo.
Cafetal Soledad
De repente Areíto se detuvo y dijo: Ya estamos en el cafetal Soledad. Fíjense bien y podrán ver sus ruinas a lo largo del camino. Efectivamente, Soledad parecía ser un cafetal, construido en terrazas, junto al camino; de hecho hoy día, varias personas viven y han construido en los terrenos de este antiguo cafetal y las ruinas se pueden ver a ambos lados del sendero, entremezcladas con construcciones más recientes.
an ascendiendo las terrazas. En la otra puede verse (al fondo) el camino que divide los restos del antiguo cafetal Soledad.Rápidamente cruzamos el camino y fuimos hacia el otro lado del camino. Ese terreno pertenecía a Areíto, o sea que en su fina estaban otra buena parte de las ruinas. Tras una breve explicación y un pequeño tour, pasamos a recoger la zona, tomar fotos y grabar algunos videos, no sin antes pasar por la escalera chiquita que se utiliza para subir al cielo (como dice la canción infantil), una escalera algo peligrosa pues no estaba en buenas condiciones.
Más adelante pudimos tener una mejor perspectiva de lo que fue Soledad, debido a que en esta área no se había construido mucho, sino que era un terreno de cultivo, por lo que podían apreciarse mejor los muros, el tanque de agua, las terrazas y la tajona, que estaba casi completa. Sin duda alguna este sería un buen lugar para rescatar: su acceso no es tan complejo, está en una zona en la que se pudieran crear condiciones recreativas y la perspectiva que se tiene del paisaje es muy buena.
La Resbalosa
Luego continuamos camino rumbo a la Cueva de los Chivos, intentábamos seguir la ruta de los moncadistas. Ahora Areíto se encontraba al frente de la expedición y nos confesó que en los muchos años que llevaba viviendo en la región no la había explorado a profundidad, pero que no nos preocupáramos que nos iba a llevar hasta los sitios que buscábamos. Los primeros obstáculos no demoraron en llegar. Una vez más el clima nos jugaba la mala pasada. Resulta que con las lluvias de los últimos días el camino se había vuelto intransitable, inclusive habían caído varios árboles. Aquello nos llevó a tomar otra decisión: romper monte loma arriba.
La nueva ruta tomada estaba más que difícil: llena de maleza, al punto que tuvimos que abrirnos paso a machete limpio, para colmo el terreno era muy irregular y era fango puro lo que hacíamos que resbaláramos 1, 2 ,3 ,4 ,5 y no sé
cuántas veces más en el intento por escalar las lomas.
A veces el paso era tan estrecho que sólo cabía una persona a la que había que empujar desde abajo o ayudar desde arriba. Recuerdo que alguien dijo que ahora si estábamos viviendo la ruta de los moncadistas en el año 1953, pues subieron estas lomas en condiciones similares: maleza tupida, lluvia y fango. Fueron tantas las caídas que acabé llamando a aquellas lomas bajo un solo calificativo: La Resbalosa.
La Cueva de los Chivos
Tras el intento fallido de tomar el Cuartel Moncada, Fidel y sus compañeros se adentraron en estas lomas, con la intención de alcanzar las alturas del Escandel y armar un frente guerrillero.
Luego de deambular largas horas, extenuados y algo perdidos llegan a las alturas de estas lomas y hallan la cueva, la cual toman como refugio y sitio para descansar. Además la ubicación de la cueva les permitía divisar la región y sus caminos.
La cueva se divide en dos aberturas (a manera de cubículos), separadas por una roca. No parecen ser de gran extensión, aunque no la recorrimos, pero suficientemente grande para albergar a un pequeño grupo de personas. La vista panorámica que se obtiene desde allí es simplemente espectacular.
Aprovechamos la oquedad de la cueva para descansar y comer algo. Algunos –como Rocío– no pudieron resistir la belleza del paisaje y sacaron varias fotos.
Tras la breve caricia estomacal y las fotos de grupo reglamentarias, pasamos al trabajo, con nuestras cámaras y celulares tomamos los testimonios de Areíto y Jorge Puente en videos. Jorge nos contó sobre el recorrido que hicieron los moncadistas subiendo y bajando por estas lomas (muchas veces vagando sin rumbo fijo) hasta llegar a la cueva; nos contó sobre los campesinos que les prestaron ayuda en aquellos momentos difíciles, les dieron de comer y sirvieron de guía, sin conocer a estos hombres, sobre los que se hablaba muy mal por la radio (en la zona había una persona con un radio de baterías). Señaló también cómo Fidel no quiso comprometer la vida de estos campesinos y sus familias, por eso sólo les permitía que los guiaran hasta un punto o le señalaran el camino, luego los moncadistas se perdían y volvían a solicitar la ayuda de aquellas personas. Con el extendido Jorge señalaba las rutas y lugares por los que estuvieron aquellos hombres que intentaban ganar las cimas del Escandel a toda costa y agregó: Si a nosotros nos ha costado trabajo llegar hasta aquí, imaginen en aquellos tiempos que esto era monte tupido y puro fango por las lluvias.
Luego tocó el turno de entrevistar a Idalberto Danger Castillo (Areíto): dada la particularidad de su testimonio –visiblemente emocionado– como guía y residente de la localidad, he decidido reproducir un fragmento en esta crónica. Así nos habló: “Les cuento lo que me contaron: Yo llegué aquí por el año 76. Tuve conocimiento de este lugar y los sitios históricos que hay en él. Escuché que aquí acampó Fidel, también sé que hasta hace unos años venían comisiones de gente a visitar estos lugares, como hace tiempo que no vienen esto se ha perdido un poco y se ha ido destruyendo, los caminos se han puesto malos, en fin…” Areíto hizo una pausa. Sus ojos se perdieron por un instante en el paisaje, luego continuó:
“Esto tiene que retomarse para que la gente venga otra vez y la Historia no muera. Hay que traer a la gente al lugar para que la Historia se conozca, porque no es lo mismo leerla en un libro que palparla”.

En la Cueva de los Chivos durmieron del 28 al 29 de julio. El día 30 toman el camino rumbo a La Cadena. El grupo se divide debido a algunos heridos que traían. Finalmente el grupo de Fidel es capturado en la madrugada del día 1 de agosto, por las fuerzas de Sarría, quien –con su actitud– les salvó la vida, permitiendo que llegaran sanos y salvos al antiguo Vivac. Una vez tomados los testimonios decidimos continuar la ruta hacia las ruinas del cafetal Santa Ana. Antes de partir le propuse a Areíto que si algún día se formalizaba una ruta por estos lugares debían ponerse señalizaciones hacia la Cueva de los Chivos como lugar histórico y hacer allá arriba un pequeño mirador, también podía ponerse con pintura en la roca de la cueva el nombre de Fidel y de sus compañeros de travesía y la fecha en la que acamparon allí. Hasta ese momento íbamos bien en cuanto al tiempo, por suerte el clima se había comportado bien, casi rezamos para que se mantuviera así.
Rumbo a Santa Ana
Si la subida por La Resbalosa había sido un calvario, más difícil sería bajarla para tomar el camino rumbo a Santa Ana. Decidimos bordear la loma sin mucho éxito (nos extraviamos un poco). Al final sólo vimos una opción quirúrgica: bajar aquella loma como fuera. Res o de Parecíamos un grupo de patinadores en tierra firme (no tanto, más sería una especie de modalidad de patinaje sobre fango) o de esquiadores salvando obstáculos. Rocío iba prácticamente deslizándose –como en una canal– loma abajo. Por suerte se nos ocurrió ir frenando con los árboles, así que nos lanzábamos e íbamos de mata en mata para contener el descenso. Así llegamos hasta el río, en el que nos detuvimos unos minutos para refrescar. Yo me había convertido en un 83 % de fango, el resto era Rodolfo Tamayo.
Una vez cruzado el río tomamos el camino rumbo a Santa Ana. El viaje de ascenso casi llegaba a su fin.
Cafetal Santa Ana
La verdad ya estábamos visiblemente agotados y algo nerviosos cuando Jorge anunció el hallazgo de las primeras ruinas de Santa Ana. Se detuvo a un costado del camino y dijo, señalando hacia unos matorrales: ¡Ahí está el horno de cal![1] Su aparición causó emoción en el grupo, sobre todo por el estado de conservación del mismo, apuramos el paso y subimos una pequeña pendiente para verlo desde arriba.
[1] El horno era empleado para la fabricación de los materiales que se necesitaban en el cafetal. Al parecer hubo una construcción anexa (quizá de los que trabajaban en el horno), pues había una gran cantidad de piedras dispersas por toda la ladera, llegando hasta el camino, como vestigio de alguna construcción que fue derribada o se derrumbó.
La visión que nos dejó Santa Ana fue de fascinación y dolor. Fascinación por la majestuosidad que debió tener el sitio, con altos muros de piedra, terrazas bien dispuestas, un paisaje que es una maravilla y una arquitectura que, sin dudas, debió parecer un palacio entre las montañas. Dolor por el estado en que estaban sus ruinas: destruidas o disimuladas por la vegetación. Jorge y Areíto nos explicaban que el estar en abandono los ciclones y huracanes hicieron estragos en la zona y se ha perdido casi todo. Debió ser así, porque se evidenciaban muchos árboles caídos, algunos de ellos sobre los muros, otros cerrando el paso e impidiendo el acceso a otras zonas del cafetal. Apenas pudimos recogerlo porque la vegetación no lo permitía. El cafetal Santa Ana se había fundido con la naturaleza, era una especie de amalgama entre vegetación y la obra del hombre, quizá este sea su nuevo atractivo.
Hicimos un alto en el sitio, momento que Jorge aprovechó para hablarnos un poco sobre aquel lugar. Nos contó sobre las exploraciones que había hecho con un grupo de estudiantes de la Escuela de Cadetes José Maceo, de cómo ese había sido uno de los sitios de descanso de los moncadistas (debido a lo cual, él y el grupo de cadetes dejaron una señalización en el antiguo cafetal, como recordatorio). En Santa Ana descansaron el 26 de julio, luego salieron rumbo a las alturas de La Redonda, buscando el Escandel. Les fue muy difícil subir La Redonda, por las pésimas condiciones climáticas y el mal estado del terreno, por lo que tuvieron que bajar; encontraron a Alfredo Despaigne, quien lo llevó con sus padres (allí los atendieron y prestaron ayuda), más tarde fueron a ver a Feliciano Heredia, quien tenía una radio, a través de la cual pudieron escuchar las noticias sobre el Moncada.
Es entonces que comprenden que deben alcanzar el Escandel a toda costa e intentan subir nuevamente La Redonda. Esa vez tampoco lo consiguieron, así que deciden regresar a Santa Ana y dividir el grupo, con la intención de que los heridos bajaran a Santiago de Cuba, a recibir el apoyo de los miembros del Partido Ortdoxo. Este cafetal es un lugar al que hay que volver y realizar una buena labor de limpieza y excavaciones. Creo que muchas sorpresas pudieran hallarse que aumenten el valor histórico y patrimonial del lugar.
El regreso a Sevilla
Al regreso decidimos hacer un alto en la poza que habíamos bautizado como Las Delicias y tomar un baño. El efecto fue demoledor, al menos yo me quedé sin fuerzas para continuar el camino hacia Sevilla (me atrevo a decir que algo similar le sucedió a los otros), casi iba arrastrando los pies.

Cuando llegamos al poblado casi estábamos hecho tierra; amenazaba lluvia y si nos caía agua corríamos el riesgo de volvernos fango. Por más que quisimos la búsqueda del sitio del Fuerte de Sevilla quedó en un segundo plano ante el cansancio, Jorge y yo persistimos un poco, pero los ánimos no daban para más. Dimos un vistazo y sacamos unas fotos de posibles lugares. Sólo eso.
Fuerte de Sevilla
En algunos de los planos consultados aparece el emplazamiento de este fuerte, el cual se hallaba en una elevación, junto al camino. En un inicio pensamos que esta podía ser la elevación, dado que era el sitio perfecto al ser un punto dominante.

El fuerte estuvo ubicado en la base de la loma que está en la curva, justo frente a este y a la derecha del camino que conduce a Siboney. Evidentemente a los españoles lo que le interesaba era la vigilancia de la vía como punto estratégico. Por lo que habría que ir hasta el sitio nuevamente y sacar una foto de la zona en la que estuvo emplazado. En la maqueta del Museo de la Guerra Hispano Cubano Norteamericana (próximo a la Granjita Siboney) aparece ubicada esta posición, incluso se muestra un cañón que se instaló allí. Los españoles se retiraron hacia esa posición en su repliegue hacia Santiago de Cuba.

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Curiosidades

Cuando íbamos por la zona del cafetal Soledad me dice Rocío: ¡Mira…mira… la Bandera española! Lógicamente comencé a buscar la enseña nacional de España. No veo nada. Le dije. Ella comprendió me aclaró: Es una flor, mira… me contó que le llaman así porque tiene los colores de la bandera de la patria de Cervantes y que esas flores le hacían recordar a su madre, pues ella le decía que no eran oriundas de la región en que vivían. Quizá son oriundas de Cuba. Te imaginas…la Bandera española oriunda de Cuba. Le dije que quizá no eran de Murcia (de donde es Rocío), pero no quiere decir que no sean de otro lugar de España, tal vez la llevaron desde Cuba, tal vez la trajeron desde España. Lo cierto es que los ibéricos se fueron de nuestro país tras perder la guerra, a finales del siglo XIX, pero nos dejaron un último reducto de su presencia, perdido entre las montañas de Sevilla. Nos dejaron su Bandera española en nuestros campos.
Luego de pasar las elevaciones de La Cadena encontramos a una mujer en el camino con esta forma peculiar de cargar el bolso y mantener el equilibrio en ese terreno sumamente irregular. Lo curioso es que nos confesó que era un bolso pequeña y mencionó a otra persona cuyo nombre No recuerdo. Dijo que lo de esa persona si era algo casi imposible de cargar.








































































































































































































